Todo comienza con el reto 3, un proyecto en el que teníamos que crear un juguete solidario desde cero. No se trataba solo de diseñar algo divertido, sino de darle un propósito real: que pudiera ser útil y accesible para personas con discapacidad intelectual. Mi grupo, llamado Olympo Studio, se tomó este reto bastante en serio desde el principio.
El resultado fue “Atlas”, un juego inspirado en la dinámica de Jenga, pero adaptado con un enfoque mucho más inclusivo y educativo. Aunque la base era similar (una torre que hay que ir desmontando sin que se caiga), nuestro juego añadía elementos que lo hacían único: cartas, dado y diferentes tipos de pruebas pensadas específicamente para personas con síndrome de Down.
Las cartas eran una parte clave del juego y estaban divididas en cuatro categorías: movimiento, cognición sencilla, comunicación y emociones. Esto no era al azar, sino que cada categoría estaba pensada para trabajar habilidades importantes de una forma divertida. La mecánica del juego era sencilla: lanzar el dado, identificar el color que salía y coger una carta de esa categoría. Después, el jugador tenía que realizar la acción indicada y, a continuación, retirar una pieza de la torre. Así, poco a poco, la dificultad iba aumentando hasta que la torre se derrumbaba.
Además del juego en sí, también diseñamos todo lo que lo acompañaba. La caja incluía las cartas, las piezas, un dado, una bolsa viajera para transportar el juego, una pegatina, un tríptico informativo y un manual de instrucciones. Todo fue creado por nosotros: desde el diseño gráfico hasta los dibujos y la presentación final. Cuidamos bastante el aspecto visual para que fuera atractivo, pero también claro y fácil de entender.
Una de las partes más interesantes del proyecto fue que no solo nos centramos en el producto, sino en todo el proceso que hay detrás. Nos pusimos en “modo empresa” y trabajamos aspectos como el presupuesto, el packaging, la organización del equipo e incluso la creación de un spot publicitario para presentar nuestro juego. Esto nos ayudó a entender que crear un producto no es solo tener una idea, sino desarrollarla completamente hasta que sea viable y tenga sentido en el mundo real.
En general, fue una experiencia muy completa y enriquecedora. No solo aprendimos a diseñar un juguete, sino también a trabajar en equipo, a organizarnos y a pensar en las necesidades de otras personas. Además, el hecho de que fuera un proyecto solidario le dio mucho más valor, porque no era solo un trabajo de clase, sino algo que realmente podía aportar algo positivo a los demás.







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